El Blog de Borja Colón
Nada del otro mundo: un poquito de politólogo, unas pinceladas de jurista y un auténtico afán por alcanzar la perfección en todo lo que hago.
19 de septiembre de 2026
La «mise en place» de la IA en la Administración Pública española
26 de agosto de 2026
Farmear el aura de lo público.
30 de julio de 2026
El día que dejé de preguntarle cosas a la IA
24 de junio de 2026
La indefensión aprendida de los empleados públicos: cuando el problema no es el sistema, sino lo que hemos aprendido de él.
24 de mayo de 2026
La inquietud ordenada: el motor silencioso de la innovación pública.
4 de abril de 2026
Innovación pública como acto de microresistencia.
25 de marzo de 2026
Contra la ilusión del resultado: por qué solo crecemos cuando el proceso cuesta.
21 de marzo de 2026
Innovación territorial, inteligencia artificial y liderazgo público.
22 de febrero de 2026
Las Administraciones públicas como fábricas de NPCs.
27 de enero de 2026
El Rincón de las Mentiras (sin mentir)
Hay una escena bastante común en cualquier organización, pública o privada.
Tenemos una diapositiva con indicadores impecables, series temporales bien alineadas y porcentajes que, a simple vista, parecen incuestionables. Todo encaja. Todo es correcto. Y, sin embargo, algo no termina de cuadrar en la realidad que estos datos pretenden describir. Las decisiones se toman, los programas se evalúan, pero los resultados sobre el terreno no siempre acompañan. No porque los datos estén mal, sino porque quizá están diciendo menos de lo que creemos… o algo distinto.
Durante años hemos insistido —con razón— en la importancia de decidir con datos y no solo con intuiciones. Pero hay un terreno intermedio mucho menos explorado: qué ocurre cuando los datos son técnicamente correctos, pero conceptualmente frágiles. Cuando no mienten, pero inducen a error.
Un primer problema habitual es la agregación. Los indicadores agregados son útiles para tener una visión general, pero peligrosos cuando se convierten en el único marco de decisión. Pensemos en una tasa de empleo que mejora a nivel regional. El dato es real. La metodología es sólida. Pero ¿qué ocurre si esa mejora se concentra en determinados perfiles o territorios, mientras otros siguen estancados o incluso empeoran? El indicador “funciona”, pero oculta dinámicas internas relevantes. La política pública, guiada por ese buen dato, puede concluir que el problema está resuelto cuando, en realidad, solo se ha desplazado.


.png)






