Son muchos los que creen que los procesos de innovación van a verse muy afectados por las posibilidades que la Inteligencia Artificial ofrece en términos de creatividad y de generación de nuevas ideas. Sin embargo, no somos pocos los que pensamos también que llegará un punto en que, lejos de poder superar a las máquinas en ese proceso de ideación que forma parte inherente a la innovación miama, será quizá más necesario que un enfoque humano valide las propuestas surgidas de las máquinas, las adapte a los casos de usos concretos y pondere los riesgos y beneficios de su utilización.
No estamos en disposición de competir con la IA en las tareas que sabemos que ya hace mejor que nosotros, sino más bien en reclamar ese espacio privativo del humano - santuarios humanos lo llaman algunos - que no podemos renunciar y que representan el único valor añadido que ahora ya podemos aportar.
Los humanos que en un futuro se lleven al gato al agua serán aquéllos que, como el mito del centauro, son capaces de combinar habilidades de nuestra especie con aquéllas específicas que sólo sabe desarrollar la IA.
NOTA: Podéis ver la entrada completa publicada bajo el mismo título en el Rincón de los Datos, disponible en el siguiente enlace.
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